Ver o7 Córdoba: destrucción arrabales en un mapa más grande
Esto roza lo intolerable. Hoy ha salido un artículo en el Diario Córdoba donde el arqueólogo municipal, Juan Murillo Redondo (al que se le “escapó” la cagada de Ocaña en el Congreso de Córdoba y Munda), no sólo justifica la destrucción de los yacimientos arqueológicos de Córdoba, sino que alardea de ello y se promociona personalmente haciendose valer como “salvador” del conocimiento, al tiempo que hace curriculum con la publicación-edición de una monografía. Las frases resaltadas por el periódico no tienen desperdicio. Empieza diciendo que “el sacrificio de nuestro pasado repercuta en su conocimiento”, con lo que justifica explicitamente la destrucción de los yacimientos, con tal de que sean estudiados… preferiblemente por él y su acólitos. Continua su hemorragia de autobombo afirmando que desea que “se publique todo, que no quede nada perdido, que la información no se quede solo en la Delegación provincial de Cultura y en la Gerencia de Urbanismo”. Lo mismo no sabe que existe una serie llamada Anuario Arqueológico de Andalucía donde se recogen resúmenes de todas las intervenciones de Andalucía y que el hecho de publicar no significa que algo que conserve, ni siquiera que se conozca bien, ya que eso depende de quién publica y si sabe o no lo que tiene entre manos. Y el colmo de todos los despropósitos llega al final, cuando se atreve a decir que “La intensidad de las excavaciones está en relación directa con la de la actividad urbanística y edificatoria”, y que “solo se excava lo que se vaya a ver afectado, el resto se protege y preserva, ya no se excava por gusto”. Con esta manifestación liga la Arqueología a la actividad, frecuentemente especulativa, de la construcción desenfrenada que ha sufrido Córdoba en los últimos años, resaltando que sólo se protege lo que no se excava (pues claro, no te jode… ¡qué brillantez!), y que, en realidad, no hay proyecto científico de rescate para nada arqueológico. Para él, se ve que las excavaciones sistemáticas llevadas a cabo año tras año en yacimientos a cargo de equipos multidisplinares de varias universidades para salvar, conocer, restaurar y poner en valor es “excavar por gusto”. Sí señor, él sí que soporta una dura carga… la pesada carga del hombre blanco que diría Rudyard Kipling.
Al final del panfleto, la periodista sentencia “a partir de ahora, dejará de ser un secreto” la Arqueología… todo un logro, cuando este señor lleva, como mínimo, desde el año 1992, controlando la Arqueología de la ciudad. Ya podía haber empezado antes, aunque esta monografía lleva tiempo publicada y no acabo de entender el por qué de “bombo” actual. Todo ello, con la complicidad silente (y no tan silente) de una Universidad que da cobertura a este proyecto.
¿Dónde quedó eso de SABER PARA PREVER… PREVER PARA PROVEER? Aquí no. La fórmula cordobesa es SABER PARA DESTRUIR… DESTRUIR PARA TRINCAR. ¿El qué?: dinero, proyectos, libros que hacen curriculum… y mil cosas más… tengo mucha imaginación. Y como ya dije en cierta ocasión, los papeles son una memoria frágil de lo que fue. Sabíamos que esto existía, como Cercadilla, descubierta en 1922 por Navascues, no en 1991 con el AVE… Pero no dijimos nada. Desde los años 40 Levi-Provençal nos descubrió las grandezas de la Córdoba omeya, con el nombre, extensión, ubicación …. de los arrabales cordobeses. Sabíamos dónde estaban, y todo el planeamiento urbanístico de este ayuntamiento (fuera IU o PP) se centró en urbanizar esa zona. ¿No había sitio en las Quemadas? No, era mejor machacar todos los arrabales hasta Medina Azahara, a ser posible con construcciones legales, pero las ilegales también servían.
El último ejemplo [ver mapa arriba]: la parcelación O7, la que hay entre el Zoco y la ABB, que llega desde Urende hasta la rotonda de San Rafael de la Albaida: casas, calles, posibles caravansares, necrópolis… allí había de todo, parte de una ciudad omeya que, si estuviera en mitad del desierto, irían miles de personas a visitarla. Pues no, aquí no… antes de irse la ex-delegada y ahora miembro (que no miembra) del equipo de la capitalidad dio órdenes expresas de su destrucción, pasando todo ello por Comisión de Patrimonio, donde debía estar este señor. Hoy, las parcelas limitadas por los banderones de las constructoras están sin restos, yermas, y los pisos no se hacen porque nadie los compra y a nadie le dan crédito para construir. Ahí tiene un resumen “divulgativo” el Sr. Murillo de lo que pasa en la Arqueología cordobesa… y para eso no hace falta sacar un libro.[Este es un post que fue colgado ayer en este sitio web; hoy lo pongo aquí añadiéndole un mapa de la parcela o7 donde se pueden contemplar los restos arqueológicos que han sido destruidos, de una forma muy visual. Espero que la gente vaya tomando conciencia de la magnitud de la destrucción y de que, al final, sólo contamos con libros que nos cuentan cúanto se ha destruido]





